Published

September 29, 2020

Los cuatro cuadrantes del conformismo

Por Paul Graham
Publicado el 21 de agosto de 2020
Título original: «The Four Quadrants of Conformism»
Fuente: http://www.paulgraham.com/conformism.html

Una de las formas más interesantes de clasificar a las personas se basa en el grado y la agresividad de su conformismo. Imaginemos un sistema de coordenadas cartesianas en cuyo eje horizontal se representa el tipo de mentalidad de las personas, desde una mentalidad convencional (a la izquierda) hasta una mentalidad independiente (a la derecha), y en cuyo eje vertical se representa el tipo de actitud que tienen las mismas, desde una actitud pasiva (en la parte inferior) hasta una actitud agresiva (en la parte superior). Los cuatro cuadrantes resultantes definen cuatro tipos de personas diferentes. Si comenzamos por la parte superior izquierda y nos movemos en sentido contrario a las agujas del reloj, estas son: mentalidad convencional y agresiva, mentalidad convencional y pasiva, mentalidad independiente y pasiva, y mentalidad independiente y agresiva.

Creo que
estos cuatro tipos de personas están presentes en la mayoría de las sociedades, y el cuadrante donde se encuentra la mayoría de las personas depende más de la personalidad de cada individuo que de las creencias que prevalecen en su sociedad. [1]

Los niños pequeños
pueden proporcionarnos algunas de las mejores demostraciones de ambos puntos. Cualquiera que haya estado en un colegio de primaria ha visto estos cuatro tipos de personas, y el hecho de que las normas que se aplican en los colegios sean tan arbitrarias es una prueba sólida de que el cuadrante en el que se encuentran las personas depende más de ellas mismas que de las propias normas.

Los niños del cuadrante superior izquierdo, los de mentalidad
convencional agresiva, son los chivatos. No solo creen que hay que cumplir las normas, sino que se debe castigar a aquellos que no lo hacen.

Los niños del cuadrante inferior izquierdo, los de mentalidad
convencional y pasiva, son los borregos. Se preocupan por cumplir las normas pero, pero cuando otros niños las incumplen, su impulso se centra en preocuparse de que esos niños sean castigados, no en asegurarse de que cumplan esas normas.

Los niños del cuadrante inferior derecho, los de mentalidad
independiente y pasiva, son los soñadores. No les preocupa mucho las normas y probablemente desconozcan cuáles son.


Y los niños del cuadrante superior derecho, los de mentalidad independiente
y agresiva, son los traviesos. Ante una norma, su primer impulso es cuestionarla. El simple hecho de que se les diga lo que tienen que hacer provoca que tiendan a hacer exactamente lo contrario.

Por supuesto, cuando se mide el conformismo,
es necesario especificar con respecto a qué se mide, y esto cambia a medida que los niños crecen. Para los niños más pequeños, son las normas establecidas por los adultos. Pero, a medida que crecen, las normas las imponen sus amigos o compañeros. Del mismo modo, un grupo de adolescentes que se burla de las normas escolares no son independientes, sino todo lo contrario.

Al igual que se pueden reconocer cuatro especies distintas de aves, durante nuestra edad adulta podemos reconocer estos cuatro tipos según sus diferentes lemas o eslóganes. El lema de las personas de mente agresiva y convencional es «¡Abajo/Fuera el/la/los/las !» (y es bastante alarmante el uso de los signos de exclamación, aunque así es como actúan las personas de mentalidad convencional y agresiva). El lema de las personas de mentalidad convencional y pasiva es «¿Qué pensarán otros/los demás?», mientras que el lema de las personas de mentalidad independiente y pasiva es «Cada cual con lo suyo» y el de las personas de mentalidad independiente y agresiva es «Eppur si muove» (o «sin embargo, se mueve»).

Los cuatro tipos de personas no se encuentran con la misma frecuencia. Existen más personas pasivas que agresivas, y muchas más personas de mentalidad convencional que de mentalidad independiente. Es por ello que el grupo de personas de mentalidad convencional y pasiva es el más numeroso, mientras que el grupo de personas de mentalidad independiente y agresiva es el menos numeroso.

Dado que el cuadrante al que una persona pertenece depende más de su personalidad que de la naturaleza de las normas, la mayoría de ellas ocuparía el mismo cuadrante incluso si hubiera crecido en una sociedad diferente.

Robert George, profesor de Princeton, escribió recientemente:

«A veces pregunto a mis estudiantes cuál hubiera sido su posición sobre la esclavitud si hubieran sido blancos y hubieran vivido en el Sur antes de la abolición. ¿Cuáles fueron sus respuestas? ¡Todos habrían sido abolicionistas! Y todos se habrían opuesto valientemente contra la esclavitud y trabajado incansablemente contra ella».

Robert es demasiado prudente para realizar afirmaciones. Por supuesto, sus estudiantes no harían eso. De hecho, no deberíamos suponer que se hubiesen comportado, de media, como las personas que vivían en esa época, sino también como aquellas personas de mentalidad convencional y agresiva que viven en la actualidad que también hubiesen hecho lo mismo en aquel entonces. En otras palabras: no solo no habrían luchado contra la esclavitud, sino que habrían estado entre sus más firmes defensores.

Tengo prejuicios, lo admito, pero
creo que las personas de mentalidad convencional y agresiva son responsables de una gran cantidad de problemas que existen en el mundo, y que muchas de las tradiciones que se han desarrollado desde la Ilustración han sido diseñadas para protegernos de ellos. En particular, el abandono del concepto de herejía y su sustitución por el principio de debatir libremente todo tipo de ideas diferentes, incluso las que actualmente se consideran inaceptables, sin ningún tipo de castigo para aquellos que las ponen a prueba con el fin de comprobar si funcionan. [2]

Pero ¿por qué hay que proteger a l
as personas de mentalidad independiente? Porque son las que tienen ideas innovadoras. Si quieres convertirte en un científico de éxito, por ejemplo, no basta con tener razón. Es necesario tener razón cuando todos los demás están equivocados. Las personas de mentalidad convencional no pueden hacer eso. Por razones similares, todos los directores generales de empresas de éxito no tienen mentalidad independiente, sino agresiva. Por lo que no es coincidencia que las sociedades prosperen únicamente hasta el punto en que tengan tradiciones para controlar a las personas de mentalidad convencional. [3]

En los últimos años, muchos hemos notado que las
tradiciones que protegen la investigación libre se han debilitado. Algunos dicen que estamos exagerando, que no se han debilitado mucho o que lo han hecho en beneficio de un bien mayor. Esto último lo descartaré inmediatamente. Cuando las personas de mentalidad convencional se imponen, siempre afirman que lo hacen por un bien mayor. Lo que pasa es que, cada vez, este bien mayor es diferente e incompatible.

En cuanto a la primera preocupación, que
afirma que las personas de mentalidad independiente son demasiado sensibles y que la investigación libre no ha desaparecido, no es posible juzgar ese hecho a menos que tú mismo tengas una mentalidad independiente. No es posible saber qué cantidad de ideas se están censurando a menos que las tengas, y únicamente las personas de mentalidad independiente poseen esas ideas. Precisamente por esto, tienden a ser muy sensibles a los cambios en la libertad de exploración de las ideas. Son los canarios de la mina de carbón.

L
as personas de mentalidad convencional afirman, como siempre, que no quieren censurar el debate de todas las ideas, únicamente de las malas.

Según esa frase, se podría pensar que es evidente lo peligroso que es ese juego. Pero lo explicaré. Existen dos motivos por los cuales necesitamos ser capaces de debatir incluso las «malas» ideas.

El primero es que cualquier proceso de decisión sobre qué ideas se deben censurar está destinado a cometer errores, sobre todo porque nadie inteligente quiere llevar a cabo ese tipo de trabajo, así que lo hacen los estúpidos. Y, cuando en un proceso se cometen muchos errores, hay que dejar un margen de error, lo que significa, en este caso, que es necesario censurar menos ideas de las necesarias. Pero eso es difícil para las personas de mentalidad convencional y agresiva, en parte porque disfrutan viendo cómo se castiga a la gente, como han hecho desde niños y, en parte, porque compiten entre ellos. Los defensores de la ortodoxia no pueden permitir que exista una idea revolucionaria, porque eso proporciona a otros defensores la oportunidad de superarlos en lo que se refiere a pureza moral y, tal vez, incluso de volverse defensores de la misma. Así que, en lugar de obtener el margen de error que necesitamos, obtenemos justo lo contrario: una carrera de fondo en la que cualquier idea que no parece censurable acaba siendo censurada.  [4]

El segundo motivo por el cual es peligroso censurar el debate de ideas es que las ideas están más relacionadas entre sí de lo que parecen. Eso significa que, si se prohíbe debatir ciertos temas, esa prohibición no solo afecta a esos temas. Las restricciones se propagan a cualquier tema que tenga implicaciones con los temas censurados. Y ese no es un caso extremo. Las buenas ideas hacen exactamente eso: tienen consecuencias en campos muy alejados del campo de origen. Tener ideas en un mundo en el que se censuran algunas ideas es como jugar al fútbol en un campo que tiene minas en una esquina: aunque juegues en el mismo campo, el juego es completamente diferente. Es mucho más controlado, incluso en terreno seguro.

En el pasado, la forma en que l
as personas de mentalidad independiente se protegían era reuniéndose en determinados lugares, primero, en los tribunales y, a continuación, en las universidades. Allí podían, hasta cierto punto, establecer sus propias reglas. Aquellos lugares en los que las personas trabajan con ideas tienden a tener tradiciones que protegen la libertad de investigación, por la misma razón que los laboratorios de galletas tienen potentes filtros de aire, o los estudios de grabación tienen un buen aislamiento acústico. Al menos durante los últimos dos siglos, cuando las personas de mentalidad convencional y agresivas estaban desenfrenados, las universidades eran los lugares más seguros.


Sin embargo,
eso puede que ya no ocurra en la actualidad, debido a la última y desafortunada ola de intolerancia que ha surgido en las universidades. Comenzó a mediados de la década de 1980 y, aunque pareció disminuir alrededor del año 2000, ha vuelto a estallar recientemente gracias a las redes sociales. Desafortunadamente, esto parece que ha sido uno de los objetivos de Silicon Valley. Aunque la mayoría de las personas que dirigen Silicon Valley tienen mentalidad independiente, han entregado una herramienta muy potente a las personas de mentalidad convencional y agresiva.

Por otro lado, es posible que la disminución del espíritu de la libertad de investigación
en las universidades sea tanto el síntoma de la salida de las personas de mentalidad independiente como la causa. Aquellas personas que pudieron haberse convertido en profesores hace 50 años tienen ahora otras opciones. Ahora pueden convertirse en quants (expertos en el análisis y la gestión de información cuantitativa) o arrancar empresas emergentes. Es necesario tener una mentalidad independiente para triunfar en cualquiera de esas opciones. Si estas personas se hubieran convertido en profesores, habrían opuesto una mayor resistencia en nombre de la libertad académica. Quizás la imagen de las personas de mentalidad independiente huyendo de las universidades en decadencia es demasiado sombría. Tal vez las universidades estén en declive porque muchas de ellas ya se han ido. [5]

Aunque he pasado mucho tiempo pensando en esta situación, no puedo predecir
qué ocurrirá en el futuro. ¿Pueden algunas universidades invertir la tendencia actual y seguir siendo lugares donde las personas de mentalidad independiente quieran reunirse? ¿O abandonarán estas personas las universidades de forma gradual? Me preocupa mucho lo que podemos llegar a perder si eso sucede.

Pero
aún tengo esperanzas a largo plazo. Las personas de mentalidad independiente son buenos protegiéndose a sí mismos. Si las instituciones actuales se ven comprometidas, ellos crearán otras nuevas. Puede que eso requiera un poco de imaginación. Pero la imaginación es, después de todo, su especialidad.



 

Notas

[1] Por supuesto, soy consciente de que si las personalidades de las personas varían de
cualquiera de esas dos maneras, se pueden utilizar como ejes y definir esos cuatro cuadrantes resultantes como «tipos de personalidad». Lo que en realidad estoy afirmando es que los ejes son ortogonales y que hay una variación significativa en ambos.

[2] Las personas de mentalidad convencional y agresiva no son responsables de todos los problemas del mundo. Otra gran fuente de problemas es el tipo de líder carismático que obtiene el poder apelando a ellos. Se vuelven mucho más peligrosos cuando surgen tales líderes.

[3] Nunca me ha preocupado escribir cosas que puedan ofender a l
as personas de mentalidad convencional durante el tiempo que estuve al frente de Y Combinator. Si YC fuese una empresa de galletas, me habría enfrentado a una difícil elección moral. Las personas de mentalidad convencional también comen galletas. Pero no arrancan empresas de éxito. Así que, si he conseguido disuadirlos de solicitar el ingreso a YC, el único efecto que he conseguido ha sido ahorrarnos el trabajo de leer todas esas solicitudes.

[4] Hemos
avanzado en un área: los castigos impuestos por hablar de ideas censuradas son menos severos que en el pasado. El riesgo de ser asesinado no es tan alto, al menos en los países más desarrollados. Las personas de mentalidad convencional y agresiva se conforman con hacer que despidan a esas personas.

[5] Muchos profesores son independientes, especialmente en matemáticas, ciencias exactas e ingeniería, donde es necesario estar al día para triunfar. Sin embargo, los estudiantes son más representativos de la población en general y, por lo tanto, la mayoría de ellos tienen una mentalidad convencional. Así que, cuando profesores y estudiantes tienen diferencias, no se trata de un conflicto entre generaciones, sino también de un conflicto entre diferentes tipos de personas.


Gracias a Sam Altman, Trevor Blackwell, Nicholas Christakis, Patrick Collison, Sam Gichuru, Jessica Livingston, Patrick McKenzie, Geoff Ralston, y Harj Taggar por leer los borradores de este ensayo.

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