Published

May 6, 2020

Cómo escribir de forma útil

Por Paul Graham
Febrero de 2020

Título original: «How to write usefully»

Fuente: http://www.paulgraham.com/useful.html

¿Cómo debe ser un ensayo? Muchos afirman que debe ser persuasivo. Así es como aprendimos que debían ser. En mi opinión, podemos aspirar a algo más ambicioso: un ensayo debe ser útil.

Para empezar, un ensayo debe ser correcto. Pero eso no es suficiente. Es muy sencillo hacer que una afirmación sea correcta si es imprecisa. Por ejemplo, este es un defecto común de la escritura académica. Si desconoces un tema, no te vas a equivocar si afirmas que se trata de un tema complejo, que hay muchos factores a tener en cuenta o que es un error adoptar una visión demasiado simplista del mismo.

Aunque, sin duda, es cierto, tales declaraciones no le dicen nada al lector. La escritura útil permite hacer afirmaciones tan contundentes que no pueden ser falsas.

Por ejemplo, es mejor decir que el pico Pike se encuentra «cerca del centro de Colorado» que «en algún lugar de Colorado». Pero si afirmo que está en el centro exacto de Colorado, me he equivocado, porque se encuentra situado un poco más al este del centro.

La precisión y la corrección son como fuerzas opuestas. Es fácil satisfacer a una si ignoras a la otra. Lo opuesto a la escritura académica sin fundamento/vanidoso/superficial es la escritura audaz, aunque falsa, de los demagogos. La escritura útil es audaz, pero auténtica.

También se caracteriza por otros dos rasgos: transmite información relevante a las personas, y transmite información desconocida para muchos.

Transmitir información a las personas sobre algo que desconocen no siempre significa sorprenderlas. En ocasiones, significa explicarles algo que sabían de forma inconsciente pero que nunca habían expresado con palabras. De hecho, esos pueden ser los conocimientos más valiosos, porque tienden a ser más fundamentales.

Pongámoslo todo junto. La escritura útil informa sobre algo verdadero e importante que las personas desconocen, y lo hace de la forma más inequívoca posible.

Hay que tener en cuenta que todo esto es una cuestión de grados. Por ejemplo, las ideas no son nuevas u originales para todo el mundo. Es probable que cualquier idea que tengas la haya tenido previamente, al menos, una de las 7000 millones de personas que viven en el planeta. Sin embargo, es suficiente si muchos lectores opinan que una idea es nueva u original.

Lo mismo ocurre con la corrección, la importancia y la fuerza. De hecho, se puede considerar que los cuatro componentes son como números que se pueden multiplicar para obtener una puntuación en cuanto a su utilidad. Me doy cuenta de que es casi incómodamente reductor pero, sin embargo, es cierto.

¿Cómo puedes asegurarte de que lo que dices es cierto, original e importante? Lo creas o no, hay un truco para conseguirlo. Lo aprendí de mi amigo Robert Morris, que se horroriza al decir cualquier cosa que parezca ridícula y sin sentido. Su truco es no decir nada a menos que esté seguro de que lo que va a decir merezca la pena oírlo. Esto hace que sea muy difícil hacer que exprese sus opiniones pero, cuando lo hace, suele tener razón.

En el caso de los ensayos, esto se traduce en que si escribes una mala frase, no la publicas. La borras y lo vuelves a intentar. A menudo se abandonan secciones enteras de cuatro o cinco párrafos. A veces, un ensayo completo.

No puedes garantizar que todas las ideas que tengas son buenas, pero sí todas aquellas que publicas. Sencillamente, no publiques las que no lo son.

En el ámbito de las ciencias, esto se conoce como «sesgo de publicación», y se considera algo negativo. Se supone que el investigador debe informar si obtiene resultados no concluyentes de la exploración de una hipótesis. Pero, en lo que respecta a la escritura de ensayos, el sesgo de publicación es el camino a seguir.

Mi estrategia consiste en ser dar rienda suelta a mi escritura y, después, ser riguroso. Escribo el primer borrador de un ensayo rápidamente, y pruebo todo tipo de ideas. A continuación, paso días reescribiéndolo detenidamente.

Nunca he intentado contar cuántas veces he corregido mis ensayos, pero estoy seguro de que hay frases que he leído más de 100 veces antes de publicarlas. Cuando corrijo un ensayo, normalmente hay pasajes que destacan de forma negativa y no encajan, muchas veces porque están escritos con torpeza y, otras, porque no estoy seguro de que sean ciertos. Al principio, esa incomodidad empieza de forma inconsciente pero, a partir de la décima lectura (más o menos) digo «uf, esa parte» cada vez que llego a ella. Parecen zarzas que se enganchan en tu manga cuando pasas por delante de ellas. Normalmente, no publico un ensayo hasta que lo he arreglado todo, es decir, hasta que puedo leerlo sin tener la sensación de que algo no encaja.

A veces, dejo pasar una frase que he escrito con torpeza si no se me ocurre otro modo de reformularla. Nunca dejo pasar de forma consciente una que no parezca correcta. No tienes por qué hacerlo. Si una frase no parece correcta, todo lo que tienes que hacer es preguntarte por qué no lo es y, generalmente, se suele encontrar otra forma de reformularla en tu cabeza.

Aquí es donde los ensayistas tienen una ventaja sobre los periodistas. No tienes una fecha límite. Puedes trabajar todo el tiempo que necesites en un ensayo para escribirlo bien. Si no puedes, no tienes ninguna obligación de publicarlo. Los errores parecen perder el valor ante un enemigo con recursos ilimitados. O, al menos, eso es lo que parece. Lo que en realidad ocurre es que creas diferentes expectativas personales. Eres como un padre diciéndole a un niño: «Nos vamos a quedar aquí toda la noche, hasta que te comas tus verduras». Excepto que, en este caso, tú también eres el niño.

No estoy diciendo que no haya errores. Por ejemplo, añadí la condición (c) en «A Way to Detect Bias» (Una forma de detectar el sesgo) después de que los lectores señalaran que lo había omitido. Pero, en la práctica, se pueden detectar casi todos.

Existe un truco para conseguir importancia. Es similar al truco que sugiero a los jóvenes emprendedores cuando buscan ideas que les ayude a arrancar: «haz algo que tú mismo quieras tener». Puedes usarte a ti mismo como una especie de intermediario del lector. El lector no es completamente diferente a ti. Por lo tanto, si escribes sobre temas que consideras importantes, probablemente también lo serán para un número considerable de lectores.

La importancia tiene dos factores. Se trata del número de personas a las que algo les importa, multiplicado por lo mucho que ese algo les importa. Lo que significa, por supuesto, que no es un rectángulo, sino una especie de cresta desigual, como una suma de Riemann.

El modo de conseguir originalidad consiste en escribir sobre temas sobre los que has reflexionado mucho. Entonces, puedes actuar como intermediario del lector aquí también. Todo aquello que te sorprenda, tras haber reflexionado mucho sobre el tema, probablemente también sorprenderá a un número importante de lectores. Y aquí, como en el caso de la corrección y la importancia, puedes usar la técnica de Morris. Si no aprendes nada escribiendo un ensayo, no lo publiques.

Se necesita humildad para medir la originalidad, porque reconocer la originalidad de una idea significa reconocer su ignorancia previa. La confianza y la humildad son a menudo vistas como conceptos opuestos pero, en este caso (como en muchos otros), la confianza ayuda a ser humilde. Si eres un experto en algún tema, puedes admitir con libertad el hecho de haber aprendido algo nuevo, porque sabes con total certeza que la mayoría de las personas estaban en tu misma situación.

El cuarto componente de la escritura útil, la fuerza, se deriva de dos cosas: el buen razonamiento y el uso hábil de las calificaciones. Estos dos se equilibran entre sí, como el acelerador y el embrague en un coche con transmisión manual. Cuando tratas de refinar cómo expresar una idea, ajustas la calificación en consecuencia. Si estás seguro de algo, puedes afirmarlo sin ninguna calificación, como hice con los cuatro componentes de la escritura útil. En cambio, los puntos que parecen dudosos deben mantenerse a distancia prudencial.

Al refinar una idea, avanzas para tener una menor calificación. Rara vez se puede llegar a cero. En ocasiones, ni siquiera es necesario o no quieres hacerlo porque se trata de un punto secundario y escribir una versión completamente refinada sería demasiado largo.

Algunos dicen que las calificaciones debilitan la escritura. Por ejemplo, nunca debes empezar una frase en un ensayo con «Yo pienso/creo)» porque, si lo haces, es obvio que lo piensas. Asimismo, es cierto que escribir «Creo que x» es una afirmación más débil que simplemente «x». Ese es exactamente el motivo por el cual necesitas añadir un «creo». Lo necesitas para expresar tu grado de certeza.

Pero las calificaciones no son escalares. No son simples errores experimentales. Debe haber, al menos, 50 formas de expresar, por ejemplo, la amplitud de la aplicación de algo, cómo se conoce, lo feliz que se es e incluso cómo se puede falsificar. No voy a tratar de explorar la estructura de las calificaciones aquí. Quizá se algo más complejo que todo el tema de la escritura útil. En lugar de eso, te daré un consejo práctico: No subestimes las calificaciones. Es una habilidad importante por sí misma; no se trata de un tipo de impuesto que hay que pagar para evitar decir cosas que son falsas. Así que aprende y utiliza su capacidad. Es probable que no represente ni la mitad de lo que significa tener buenas ideas, pero forma parte de tenerlas.

Hay otra cualidad a la que aspiro en los ensayos: decir las cosas de la forma más simple que pueda. No creo que esto sea un componente de la utilidad. Se trata, más bien, de una cuestión de consideración hacia el lector. Y es una especie de ayuda práctica para hacer las cosas bien, ya que un error es más obvio cuando se expresa en un lenguaje simple. Pero admito que el principal motivo por el que escribo no es por el bien del lector o porque me ayude a hacer las cosas bien, sino porque me molesta utilizar más palabras o expresiones más extravagantes de las necesarias. Parece poco elegante, como un programa con un código demasiado largo.

Me doy cuenta de que la escritura florida funciona para algunas personas. No obstante, a menos que estés seguro de que eres una de estas personas, el mejor consejo que te puedo dar es que escribas de la forma más sencilla posible.

Creo que la fórmula que he propuesto (importancia + originalidad + corrección + fuerza), es la receta para escribir un buen ensayo. Pero debo advertirte que, además, es una receta para hacer que la gente se enfade.

La raíz del problema es la originalidad. Cuando le explicas a las personas algo que previamente desconocen, no siempre te lo agradecen. Hay ocasiones en que las personas desconocen algo porque no quieren saberlo. Normalmente se debe a que contradice alguna creencia apreciada. Y, de hecho, si buscas ideas originales, las creencias populares erróneas son un buen lugar para encontrarlas. Cada una de estas creencias crea una zona baldía de ideas a su alrededor que están relativamente inexploradas porque la contradicen.

El componente de fuerza solo empeora las cosas. Lo que más molesta a las personas, junto a la contradicción de sus preciadas suposiciones, es hacer que se contradigan rotundamente ellas mismas.

Y, además, si utilizas la técnica de Morris, parecerá que escribes con mucha seguridad en ti mismo. Es posible que aquellas personas que no compartan tus ideas piensen que es una seguridad ofensiva. La razón por la que pareces confiado es que estás seguro de ti mismo: has hecho trampa, sí, pero lo único que has hecho ha sido publicar temas sobre los que estás seguro. Aquellos que intentan no estar de acuerdo contigo pensarán que nunca admites tus errores. De hecho, admites que te equivocas constantemente. Lo haces antes de publicar y no después.

Por otro lado, escribir con la mayor sencillez posible solo empeorará las cosas. La brevedad es la determinación del control. Si observas que alguien difunde noticias desagradables desde una posición de inferioridad, notarás que tienden a usar muchas palabras para amortiguar el impacto. Por el contrario, ser breve equivale, más o menos, a ser grosero.

En ocasiones, puede funcionar para formular declaraciones intencionadas que son más débiles que lo que se quiere decir. Un ejemplo es poner «quizás» delante de algo de lo que estás seguro. Pero notarás que, cuando los escritores hacen esto, normalmente lo hacen de forma irónica.

No me gusta mucho hacerlo. Es cursi adoptar un tono irónico durante todo un ensayo. Creo que debemos enfrentar el hecho de que la elegancia y la brusquedad son dos nombres para la misma cosa.

Se puede llegar a pensar que, si uno se esfuerza lo suficiente para asegurarse de que un ensayo es correcto, será invulnerable al ataque. Eso es más o menos cierto. Será invulnerable a los ataques válidos. Pero, en la práctica, eso no sirve de mucho consuelo.

De hecho, el componente de fuerza en la escritura útil lo hará particularmente vulnerable a la tergiversación. Si has expuesto una idea con la mayor solidez posible sin convertirla en falsa, solo tienes que exagerar ligeramente lo que has dicho para que sea falsa.

La mayor parte del tiempo ni siquiera lo hacen de forma intencionada. Una de las cosas más sorprendentes que descubrirás, si empiezas a escribir ensayos, es que aquellas personas que no están de acuerdo contigo raramente están en desacuerdo con lo que realmente has escrito. En su lugar, se inventan algo que has dicho y con lo que no están de acuerdo.

Por si sirve de algo, la contramedida es pedirle a una de estas personas que cite una frase o un pasaje específico que hayas escrito que crea que es falso, y que explique por qué. Digo «por si sirve de algo» porque nunca lo hacen. Aunque parezca que esto puede hacer que la discusión se vuelva a encarrilar, la verdad es que nunca hubo una discusión.

¿Debería explícitamente prevenir posibles malentendidos? Sí, si son interpretaciones erróneas que una persona razonablemente inteligente y bien intencionada puede hacer. De hecho, a veces es mejor expresar una idea ligeramente errónea y corregirla que tratar de tener una idea correcta al mismo tiempo. Puede ser más eficiente, pero también puede modelar la forma en que se descubre dicha idea.

Pero no creo que debas evitar las malas interpretaciones intencionales en el cuerpo de un ensayo de forma explícita. Un ensayo es un lugar para conocer a lectores honestos. No quieres estropear tu casa poniendo barrotes en las ventanas para protegerte de los deshonestos. El lugar para protegerse contra las malas interpretaciones intencionales se encuentra en las notas finales. Sin embargo, no creas que puedes predecir a todo el mundo. Hay personas que tienen el mismo ingenio para tergiversar lo que dicen cuando no quieren oír que para racionalizar las cosas que quieren hacer pero que saben que no deben hacer. Sospecho que es la misma habilidad.

Como con la mayoría de las cosas, la forma de mejorar la escritura de los ensayos es la práctica. Pero, ¿cómo se empieza? Ahora que hemos examinado la estructura de la escritura útil, podemos reformular la pregunta con más precisión. En un principio, ¿qué restricción se puede relajar? La respuesta es, el primer componente, la importancia, es decir, el número de personas que se preocupan por lo que escribes.

Si reduces el enfoque del tema lo suficiente, probablemente puedas encontrar algo en lo que seas un experto. Para empezar, escribe sobre eso. Hazlo incluso si solo tienes diez lectores interesados en el tema. Les ayudas mientras escribes. Puedes ampliar la amplitud de los temas sobre los que escribes más adelante.

La otra restricción que puedes relajar es un poco sorprendente: la publicación. Escribir ensayos no significa publicarlos. Puede parecer extraño ahora que la tendencia es publicar cada pensamiento al azar, pero a mí me funcionó. He llegado a escribir en cuadernos una cantidad de textos equivalente a unos 15 años de ensayos. Nunca publiqué ninguno y nunca esperé hacerlo. Los escribí como una forma de entender las cosas. Cuando llegó la web, ya contaba con mucha práctica.

Por cierto, Steve Wozniak hizo lo mismo. En el instituto diseñó ordenadores en papel para divertirse. No podía construirlos porque no podía permitirse comprar los componentes. Pero cuando Intel lanzó su DRAM de 4K en 1975, él ya estaba preparado.

¿Cuántos ensayos quedan por escribir? La respuesta a esa pregunta es probablemente lo más emocionante que he aprendido sobre la escritura de ensayos. Prácticamente quedan todos por escribir.

Aunque 
el ensayo es una forma antigua de escritura, no se ha estudiado con asiduidad. En la era de la imprenta, la publicación era cara, y no había suficiente demanda de ensayos para publicar. Podías publicar ensayos si eras conocido por escribir otras cosas, como novelas. E incluso podías escribir reseñas de libros como una forma de expresar tus propias ideas. Pero no había realmente un camino directo para convertirse en ensayista. Es decir, se escribieron pocos ensayos, y los que lo hicieron tendían a ser sobre un reducido espectro de temas.

Ahora, gracias a internet, hay un camino a seguir. Cualquiera puede publicar ensayos en línea. Puede que empiezas sin saber cómo hacerlo pero, al menos, puedes empezar. No necesitas el permiso de nadie.

En ocasiones, un área del conocimiento permanece en silencio durante años, hasta que algún cambio la hace resurgir. Le pasó a la teoría de números con la criptografía. Internet hace lo mismo con los ensayos.

Lo emocionante no es que quede mucho por escribir, sino que queda mucho por descubrir. Existe un cierto tipo de pensamiento que se descubre mejor escribiendo ensayos. Si la mayoría de los ensayos aún no están escritos, la mayoría de esas ideas aún no se han descubierto.



Notas

[1] Pon barandillas en los balcones, pero no pongas rejas en las ventanas.

[2] Incluso ahora escribo ensayos que no están destinados a ser publicados. Escribí varios para averiguar que debía hacer en Y Combinator, y me resultaron muy útiles.



Gracias a Trevor Blackwell, Daniel Gackle, Jessica Livingston y Robert Morris por leer los borradores de este ensayo.

 

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